“La gente no renuncia a la empresa, renuncia a los malos jefes” ¿Le suena familiar la frase? Porque diversos estudios, encuestas y el sentido común lo demuestran; hoy voy a analizar esta relación laboral, y no sólo me dirijo al jefe mayor, me refiero a cualquier situación de autoridad laboral con un subalterno.

A algunos nos queda bastante claro la diferencia entre líder y jefe, pero ¿qué cree? ¿Conoce la “ceguera de taller”? Es un síndrome que ataca a aquellas personas que están tan acostumbrados a una situación que suelen omitir los detalles u oportunidades, es decir, nomás no se dan cuenta de lo que pasa en sus narices, entonces hoy voy fungir como lente fondo de botella para aliviar esa “miopía”.

En este momento usted puede tomar un lápiz y “palomear” sus áreas de oportunidad.

Predicar con el ejemplo: Un buen jefe está comprometido con su trabajo, se involucra, conoce lo que está haciendo su gente, se levanta de su silla y se mete al taller, al área de producción, conoce los procesos, es el que llega mas temprano; pero qué tal aquellos jefes que llegan tarde y se van temprano ¿sabe que piensan sus subalternos? ¡Exacto! Si a usted no le importa su empresa, ¿qué le hace pensar que a los demás sí?

Escucha: Usted no tiene idea de la cantidad de información útil que anda rodando por su empresa.

No nos vayamos tan lejos: Por ejemplo en casa, probablemente la señora que ayuda en las labores de la limpieza tenga una mejor idea de cómo quitar la mancha de grasa que tiene usted en la camisa.

Así es en la empresa, aquí el asunto es establecer métodos de comunicación interna para que usted pueda obtener esa información; por lo pronto reúna a su gente y pregúnteles en que puede usted ayudarles; después me cuenta como le fue.

Impone su autoridad: No, no es lo que está pensando, a gritos no se impone uno; la autoridad es una consecuencia de la admiración que usted se ha ganado de sus subalternos; aquel jefe que grita, que hace callar a su gente, que usa la intimidación para hacerse respetar es un jefe hueco, que suple su baja autoestima con un comportamiento prepotente, ese jefe no sirve.

Respalda: En una ocasión metí la pata lindo, hasta el fondo, se los voy a confesar: Omití un control en el proceso (ceguera de taller) y autoricé la impresión de doscientos mil envases con el código de barras equivocado, envejecí 10 años cuando me di cuenta. La diseñadora había mandado mal el editable, pero éramos un equipo: Su error era absolutamente mío.

Con toda humildad le llamé al jefe de almacén y abiertamente confesé ¡me equivoqué! “no se preocupe licenciada, ahora vemos cómo lo resolvemos”. En seis horas estaba todo solucionado, mandamos a imprimir unas etiquetas con el código correcto y un equipo de santos re-etiquetó todo el envase. ¡Me salvaron el pellejo!.

Ahí me di cuenta de la importancia de respaldar a mi equipo, yo no hubiera obtenido ayuda si me hubiera dedicado a tronarle los dedos a medio mundo ¿saben qué hubiera pasado? me avientan a los leones, era la oportunidad perfecta.

El respeto es el común denominador en los buenos jefes, esos son los verdaderos líderes. Si cambiaste de trabajo y sigues teniendo la amistad de tus antiguos colaboradores, déjame decirte que vas bien. Si no te soportas ni a ti mismo, recapacita, nadie tiene éxito solo.

Publicado en El Imparcial el 10 de octubre 2016