“¿Quieres un regalo físico o vivir una experiencia para tu cumpleaños?” ¡Experiencia mamá!, esto se repite año con año, en su cumpleaños no. 13 eligió ir a los estudios Universal en California, pero ahora Paula cumplía 14, tenía que ser algo especial. Estuve dándole vueltas a los destinos, usualmente viajamos por USA, no se porqué cuando pensamos en vacaciones uno se imagina Disney o Europa, como si México no fuera opción. Investigué. 

Tuve la suerte de conocer a una gran amiga, Martha, ella vive en la Huasteca Potosina y en alguna ocasión me había hablado de las maravillas del lugar, la contacté, le conté del cumpleaños y las intenciones de vivir una experiencia con ella “ven a la Huasteca, yo voy por tí al aeropuerto”, su empresa es precisamente una tour operadora. No podía creer el regalo que iba a hacerle a mi hija ¡turismo de aventuras! Y entre más me emocionaba mas se me desfiguraba la cara, ¡oh Dios! Que he hecho, jamás he vivido una aventura, lo más cercano a eso era la adrenalina de saber si te va a pasar la tarjeta de crédito cuando andas de compras.

Llegó el día, mamá e hija adolescente volamos a San Luis Potosí, ninguna de las dos nos imaginábamos lo que íbamos a vivir. Martha nos hospedó a un hotel boutique en el centro de Ciudad Valles “Puerta de Jade”, hermoso por cierto, “mañana empezamos a las 8 am, descansen”.

Fuimos a desayunar tacos mineros y bocoles a un restaurantito en el centro de la ciudad, ya empezábamos a hacer cosas distintas, ya nos sentíamos turistas. La primera parada fué en las cascadas de Micos, ¡por Dios! Que hermoso lugar, en dos minutos Paula y yo teníamos casco y arnés puesto, la aventura empezaba: tirolesas y puente colgante, Paula tomó video mientras volábamos por encima de ese paraíso, después de la segunda tirolesa y llenas de adrenalina, llegamos al puente colgante -me crecieron dos milímetros los ojos- ¿cómo? ¿Qué es eso? ¿Y la tirolesa? “No señora, es el puente colgante, tiene que caminar por ahí” ¿¿WHAT?? NO, NO, YO ME QUIERO REGRESAR “no señora, la única forma de salir de aquí es cruzando el puente”, todavía no salía de mi asombro cuando volteo y Paula está a medio puente suspendida tomándose selfies, se me derritió la cara. Respiré hondo, me encomendé a Dios y empecé a caminar por esa tablita de no más de 20 centímetros de ancho suspendida a 100 metros por encima de las cascadas (no se si esa es la medida exacta pero era mucho, mucho), dos guías estaban detrás de mi, entre risas y preocupación porque yo venía vociferando “señora si quiere me paso para estar enfrente de usted” ¿CÓMO? ¿COMO CIRQUE DU SOLEIL? ¡¡A ESTA ALTURA!! ¡¡CLARO QUE NO!!, Paula ya estaba en el otro extremo tomando video del espectáculo que estaba dando su madre.

Sobreviví, nos trepamos en la última tirolesa y de ahí nos fuimos al agua, a saltar las cascadas. Fué espectacular, saltamos 7 cascadas y quedaba la última, la de 8 metros de altura, ella se aventó sin pensar y yo, yo quedé paralizada, creo que maduré ¡si! Eso fué, maduré. Medí el peligro, si caigo mal, se acaban las vacaciones, decidí no hacerlo, les juro que fué lo único que no hice. Por la tarde visitamos Minas Viejas, es la prueba viviente de que México es un conjunto de paraísos, no estoy exagerando, cuando creí haber visto lo mas hermoso, nos llevaron a ver el Salto del Meco, nos quedamos sin palabras, solo ver en silencio ese paisaje increíble.

Terminamos agotadas y felices “mañana empezamos 8 am, toca rappel y rafting” después del puente colgante ¿qué más podía pasar? Nos dormimos. Puntuales llegaron los guías por nosotras y fuimos a desayunar al mercado el famoso zacahuil, que después amenazó con salirse. Les cuento el día dos.

Llegamos a la cascada del Tamul, empezamos a caminar, escalar, en mi caso arrastrarme en tramos, al final, estábamos paradas a 105 metros de altura, yo ya empezaba a quedarme muda, mi cerebro me decía “¿si te das cuenta dónde tienes trepada a tu hija?” Y ahí mismo me respondía “los guías nos mantienen a salvo, están entrenados, no hay nada que temer”, mantuve ese diálogo un muy buen rato, mientras preparaban el descenso. El primer turno fue para Paula, los guías nos explicaron paso por paso lo que teníamos que hacer, yo estaba tranquila porque ellos nos estaban cuidando, podían regular la velocidad del descenso y además había uno arriba, otro en medio y el que recibía abajo, era el turno de hacer rappel por primera vez en los 14 años de Paula y 44 míos. Bajó Paula, entre gritos y carcajadas ¡lo logró! Yo sabía que estaba preocupada por mi, pero decidí disfrutar la aventura y cumplirle a mi hija, completamente segura de mi misma ¡descendí! Triste Tom Cruise en Misión Imposible, bajé como experta, ni yo podía creerlo, abajo Paula gritaba asombrada ¡mamááá eres una pro! Después me enteré que les pidió a los guías que llamaran a los bomberos para bajarme, los callé a todos.

Después nadamos por el río Tampaón y terminamos en una cueva, el relax después de tanta adrenalina. Llegó la hora de la comida y me encantó que nos llevaran a casa del canoero “El Chime”, su señora nos hizo un platillo típico de la región y nos sentamos en una palapa los guías, mi hija y yo, para esas alturas ya éramos pandilla.

Nos esperaba el 5to. Cañón del río Tampaón para el rafting en una balsa suicida, no más con el nombre yo empecé mi diálogo interno “OMG creo que esto ya se me salió de control y si la chamaca se me cae al rió…” Wensy el guía se dió cuenta y me tranquilizó “señora no se preocupe, ustedes están completamente a salvo con nosotros, estamos entrenados ¡es más! Vamos a hacer un ejercicio”, aventaron a Paula al agua para que yo la salvara con la técnica que nos habían explicado, después hicieron que yo me aventara al río para que ella me salvara, déjenme les digo que nos graduamos de chicas aventureras outdoor, listisimas para los rapids. Atravesamos el río como profesionales, nos reímos, nos desbordamos de adrenalina y al final, remamos en un cañón color turquesa, quieto como un espejo, espectacular.

Fue un viaje inolvidable, realmente vivimos una experiencia, hicimos cosas que jamás habíamos imaginado ¡y en México! todo lo que nos habíamos estado perdiendo ¡increíble! En el aeropuerto de San Luis Potosí compré los famosos chocolates Costanzo (deliciosos), le ofrecí a Paula y me abrazó ¡gracias mamá! Ahora quiero ir a Chiapas. Chiapas será hija.

 

Artículo publicado en revista Panorama Automotriz.