Marcela Mexia

¿Quieres aprender inteligencia artificial? Primero dime para qué.

¿Quieres aprender inteligencia artificial? Primero dime para qué.

Parece que ahora todos tenemos que aprender inteligencia artificial. Hay cursos de ChatGPT, talleres de prompts, diplomados de automatización, certificaciones internacionales y programas que prometen convertirte en experto en un fin de semana. Si uno se descuida, termina creyendo que necesita estudiar ingeniería en inteligencia artificial para pedirle a ChatGPT que le redacte un correo.

Y no. Tampoco hay que exagerar.

Últimamente me han preguntado qué capacitación recomiendo para aprender inteligencia artificial y mi respuesta casi siempre comienza con otra pregunta: ¿para qué la quieres aprender? Porque una cosa es utilizar herramientas para hacer mejor tu trabajo, otra es desarrollar aplicaciones y otra muy distinta es tener la responsabilidad de implementar inteligencia artificial en una empresa.

Y hay una segunda pregunta que considero igual de importante: ¿cómo vas a demostrar que realmente aprendiste?

Porque una cosa es tomar un curso y otra es adquirir conocimientos que puedas aplicar. Y aunque parezca increíble, no siempre van de la mano.

Si quieres utilizar IA en tu trabajo, comienza por lo básico

Si tu objetivo es redactar documentos, analizar información, preparar presentaciones, investigar o automatizar tareas cotidianas, probablemente necesitas capacitación práctica en herramientas como ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot.

No necesitas convertirte en programador ni estudiar una norma internacional. Necesitas comprender qué puede hacer la inteligencia artificial, cómo darle instrucciones, cómo evaluar sus resultados y qué información no deberías compartir con estas plataformas.

Porque aprender a escribir un buen prompt está muy bien, pero también convendría aprender a no subir alegremente la base de datos de clientes a cualquier herramienta que encontramos en internet.

Para este perfil ya existen certificaciones internacionales como Artificial Intelligence Essentials (AIE), de EC-Council, orientada a desarrollar y evaluar conocimientos fundamentales sobre inteligencia artificial, uso de herramientas, ingeniería de prompts y aplicación responsable de esta tecnología.

Es una opción para quienes necesitan demostrar conocimientos básicos de IA sin convertirse en especialistas técnicos.

Si quieres desarrollar aplicaciones, necesitas otras competencias

Hoy existen plataformas que permiten desarrollar aplicaciones mediante instrucciones en lenguaje natural, una práctica popularmente conocida como vibe coding. Y sí, es fascinante lo que puede construirse sin escribir cada línea de código.

Pero hay un pequeño detalle: que una aplicación funcione durante una demostración no significa que esté lista para administrar información de clientes, procesar pagos o convertirse en una herramienta crítica para una empresa.

En algún momento tendrás que pensar en bases de datos, integraciones, permisos, seguridad, pruebas y mantenimiento. Todas esas cosas poco emocionantes que rara vez aparecen en los videos donde alguien construye un SaaS en quince minutos.

Aquí la formación debe profundizar en desarrollo, arquitectura, integración de sistemas y seguridad. También existen certificaciones técnicas de IA, como Certified Artificial Intelligence Professional (CAIP), de PECB, enfocadas en conocimientos y competencias para desarrollar e implementar soluciones.

No es el mismo camino que aprender a utilizar ChatGPT para mejorar tu productividad.

Si diriges una empresa, necesitas aprender otra cosa

Aquí es donde, desde mi perspectiva, comienza una conversación mucho más interesante.

Si eres director general, responsable de un área o participas en decisiones estratégicas, probablemente no necesitas convertirte en el campeón mundial de los prompts. Necesitas comprender dónde puede generar valor la IA, qué proyectos tienen sentido, cómo evaluar inversiones, qué resultados esperar y cuáles son los riesgos que estás asumiendo.

Porque incorporar inteligencia artificial no es una estrategia en sí misma. Es una decisión tecnológica que debería responder a una necesidad del negocio.

Hay empresas que quieren implementar IA sin tener procesos claros, información organizada o indicadores que permitan medir resultados. Pero eso sí, quieren su chatbot porque la competencia ya tiene uno.

Y luego viene la sorpresa cuando descubren que automatizar un proceso mal diseñado solamente permite cometer los mismos errores, pero más rápido.

Para este perfil existe Certified Artificial Intelligence Manager (CAIM), de PECB, una certificación orientada a profesionales que necesitan gestionar, gobernar y alinear las iniciativas de IA con los objetivos empresariales.

Su programa incluye estrategia, gestión de riesgos, gobernanza, análisis de datos y automatización. No está diseñado para convertir al director en desarrollador, sino para fortalecer su capacidad de dirigir proyectos de inteligencia artificial con criterios de negocio.

Implementar inteligencia artificial tampoco es lo mismo que gobernarla

Cuando una organización incorpora IA en sus operaciones necesita establecer responsabilidades, definir políticas, evaluar riesgos, supervisar resultados y determinar qué decisiones pueden automatizarse y cuáles requieren intervención humana.

Aquí aparecen normas internacionales como ISO/IEC 42001, que establece requisitos para implementar y mantener un sistema de gestión de inteligencia artificial.

Existen especializaciones profesionales para quienes implementan estos sistemas, como Lead Implementer, y otras para quienes los auditan, como Lead Auditor.

Son competencias diferentes. Y conviene aclarar que certificarse profesionalmente en una disciplina no equivale a certificar el sistema de gestión de una empresa.

¿Para qué certificarte? ¿Y para qué certificar a tus colaboradores?

Esta es otra pregunta que me hacen con frecuencia, especialmente cuando una empresa está evaluando invertir en capacitación.

Mi respuesta es sencilla: porque pagar un curso no demuestra que alguien aprendió.

Una persona puede asistir a todas las sesiones, recibir sus materiales, participar en las actividades y terminar con una bonita constancia de asistencia. Eso demuestra que estuvo ahí, pero no necesariamente que adquirió los conocimientos.

Una certificación profesional que exige aprobar una evaluación independiente de la simple asistencia proporciona evidencia adicional de que la persona demostró determinados conocimientos o competencias conforme a los criterios establecidos por el organismo certificador.

Para un profesional, esto permite respaldar su preparación con una credencial verificable. Para una empresa, ayuda a establecer criterios objetivos de capacitación, evaluar resultados y contar con evidencia de las competencias de sus colaboradores.

Por supuesto, una certificación no garantiza que alguien será extraordinario en su trabajo ni sustituye la experiencia práctica. Pero existe una diferencia importante entre decir «tomé un curso» y demostrar que aprobaste una evaluación de conocimientos.

Y si una empresa va a invertir en capacitar a veinte colaboradores, me parece bastante razonable que quiera saber si aprendieron algo más que el horario del coffee break.

Cuidado con los cursos patito

El crecimiento de la inteligencia artificial también ha provocado una explosión de ofertas educativas. Algunas son excelentes, otras son demasiado básicas para lo que prometen y algunas parecen diseñadas principalmente para vender un diploma con tu nombre.

No significa que un curso sea malo por ser económico, gratuito o impartido por un profesional independiente. Existen recursos extraordinarios para aprender por cuenta propia.

Pero cuando buscas una certificación profesional, especialmente si será utilizada para acreditar competencias ante una empresa o un cliente, conviene investigar quién la emite, qué conocimientos evalúa, si requiere aprobar un examen, qué experiencia exige, cómo se verifica su autenticidad y qué reconocimiento tiene el organismo que la respalda.

Organizaciones internacionales como EC-Council y PECB ofrecen programas estructurados de formación y certificación, con evaluaciones y requisitos definidos para distintas credenciales.

Eso no significa que cualquier certificación tenga validez legal universal ni que todas sean equivalentes. Su reconocimiento dependerá del programa, el organismo emisor y los requisitos de quien la solicite.

También conviene distinguir entre una certificación internacional, una acreditación y una constancia de participación. No son sinónimos, aunque en la publicidad de algunos cursos parezca que sí.

Entonces, ¿qué deberías estudiar?

Depende de lo que quieres hacer y de las responsabilidades que tienes.

Si buscas productividad, comienza por aprender herramientas y fundamentos de IA. Si necesitas demostrar alfabetización en inteligencia artificial, puedes considerar una certificación como AIE. Si quieres desarrollar soluciones, necesitarás formación técnica. Si diriges iniciativas empresariales, programas como CAIM pueden ser más pertinentes. Y si tu responsabilidad es implementar o auditar sistemas de gestión, existen especializaciones relacionadas con ISO/IEC 42001.

Son caminos diferentes, aunque pueden complementarse conforme evolucionan tus responsabilidades.

La inteligencia artificial está abriendo oportunidades extraordinarias, pero también ha creado un mercado de capacitación donde no siempre resulta sencillo distinguir entre aprender una herramienta, desarrollar una competencia profesional y obtener una certificación internacional.

Por eso, antes de comprar tu siguiente curso, pregúntate qué necesitas aprender, para qué lo vas a utilizar, qué responsabilidades tendrás y cómo podrás demostrar los conocimientos adquiridos.

Porque no se trata de coleccionar diplomas ni de aprender todas las herramientas que aparecen cada semana. Se trata de desarrollar competencias que realmente te sirvan y, cuando sea necesario, contar con una certificación que las respalde.

Y si alguien te promete convertirte en experto en inteligencia artificial en un fin de semana, por lo menos pregúntale experto en qué.

Que luego vienen las sorpresas.