De verdad, de verdad les digo, yo no se quien inventó el asunto de la liberación femenina. Tampoco me explico como hubo, hay y habrá mujeres que comulguen con eso. La liberación femenina, señoras, lo único que hizo fue ponernos a trabajar…¡más!

Los hombres y las mujeres -OJO- viene una revelación: NO SOMOS IGUALES, y no me refiero al tema estrictamente físico. Obvio no, me refiero a absolutamente todo lo demás, en específico al tema laboral.

Si no lo han notado, ahora aparte de todas las labores propias de una ama de casa, léase: hijos, sartenes y escobas. Ahora tenemos que lidiar también con una carrera profesional, un trabajo, jefe, clientes y hacienda. ¡Ah! Pero eso si, bien dignas ahora somos parte de ese movimiento feminista y creemos que fuimos «liberadas», aplausos de pié por favor.

Gracias.

Para todas aquellas que, la verdad nos es irrelevante la retaíla de la liberación femenina. Es decir, que ya asumimos semejante responsabilidad, es para quienes escribo este post. Advertencia: sí crees en la liberación femenina y en la equidad de género puedes dejar de leer en este momento e irte a una manifestación; a las que les de curiosidad las barbaridades que escribo, sigan leyendo chicas!

Les explico mi punto.

Equidad de género: la capacidad de ser equitativo, justo y correcto en el trato a las mujeres y hombres según sus necesidades respectivas. Se refiere a la justicia, la imparcialidad, el respe…ay si ajá! Perdón, me aburren las definiciones largas. Aquí el asunto es que no existe, así como la privacidad en internet, todo mundo se preocupa por recibirla pero la realidad es que no-ex-sis-te. Eso si, no se confundan, respeto mucho a las personas que mantienen «la búsqueda implacable de la equidad de género».

Que Dios nuestro Señor no permita que me traten como si fuera yo un hombre amparados en la equidad de género. No lo permitas. Cadena de oración por favor.

Confiesen chicas. Alguna vez -así como por error- sin previa planeación estratégica, se han valido del maquillaje, ropa ajustada o alguna panza de embarazo para conseguir salir victoriosas de alguna situación laboral? ¿Alguien? Yo confieso que en alguna ocasión mi panza de 7 meses de embarazo me ayudó con una junta de trabajo donde todo parecía indicar que no me iban a dar la razón.

Bueno, no me la iban a dar hasta que Emilio me pateó y yo tuve que detener mi pancita porque a todas luces se veía que mi bebé quería que su mami -inocente- se saliera con la suya (o se salía él), los señores entraron en una suerte de histeria colectiva y misteriosamente me dieron la razón en todo, con tal de que abandonara la sala de juntas con todo y mi amenaza de parto. Ok ya lo dije! Soy de lo peor!

¿Creían que el post era para quejarme amargamente de la desventaja que sufrimos las mujeres sólo por serlo? Oh no señoras! Si bien es cierto que nos deberían de pagar más, más que a todos y todas, no importa, ¡más! La realidad es que somos una especie bastante peligrosa en los negocios, corríjanme sí escribo algo que no sea cierto:

-Tenemos la capacidad de hacer varias cosas al mismo tiempo: multitasking las reinas.
-Contamos con un sexto sentido llamado intuición (o colmillo, sobre todo si somos madres).
-Utilizamos herramientas de persuasión exclusivas: maquillaje, tacones, tiernas pancitas de embarazo, faldas y lágrimas: que bien utilizadas son bien vistas y funcionan.
-Maestría en saber esperar el momento justo de cambiar las cosas a nuestro favor.
-Entre más alta nuestra jerarquía en la empresa, más terror causamos, eres algo parecido a cruela de vil, maléfica, bruja, etc. El asunto es que lo sabemos y lo usamos también a favor.
-Y lo mejor de todo, si no logramos nuestros objetivos, le echamos la culpa a la maldita equidad de género (esto ayuda a ganar tiempo y utilizar cualquiera de los puntos anteriores para salir exitosas de cualquier situación adversa).

Ahora bien, todo lo que ya he escrito ¿les parece justo? ¿Equitativo? ¿Correcto? La verdad es que yo tampoco lo sé, luego entonces leo de nuevo la definición de «equidad de género» y no le encuentro ni pies ni cabeza. Lo que sí se -salvo mis exageraciones- es que deberíamos dejar de quejarnos, siempre y cuando usemos con responsabilidad los poderes que diosito nos dió y respetemos al sexo opuesto (ya no supe cual era el débil) y creo que podemos seguir disfrutando de nuestra vida laboral.

Si, es cierto, generalmente las mujeres no recibimos los mismos beneficios económicos que los hombres, tal vez porque es la única cosa que les queda por defender. Estoy convencida de que el tema económico no es el objetivo central en la controversia que genera este tema, por eso quise poner sobre la mesa las desventajas que ellos también tienen.

Pero, después de todo ¿qué prefieres? ¿Blanquear calcetines percudidos o seguir divirtiéndote en tu trabajo? Si decidiste los calcetines tienes todo mi respeto. TODO -ABSOLUTAMENTE TODO- ese SI que es un trabajo pesado y mal remunerado. En casa no existe la equidad de género, completamente nula, yo sí me pongo de pié y les aplaudo. Les confieso haber puesto todo mi empeño en mi profesión. No me importa que me paguen un poco menos que a los hombres con tal de no enfrentarme con la lavadora.

En resumen:

Mi humilde, oscura y sigilosa (a veces muda) opinión respecto a la equidad de género es que asumamos nuestras diferencias, respetemos al opuesto y disfrutemos de nuestro trabajo. Siéntete orgullosa de tus logros, luce tu femineidad, que se acostumbren a tus tacones así como tendrán que acostumbrarse a tus opiniones y no por trabajar con hombres tienes que lucir como uno de ellos, finalmente usar falda es muy…muy inteligente!

Pd. Sí eres activista, absténte, generalmente no estoy de humor. 😉

Sí eres de las mías, comparte, si no -no hard feelings- ¡besos!

@MarcelaMexia

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